Esto no es una dieta

8c11154u.jpg

FOTO: Cornshucking Day Dinner: 1939 por: M.P. Wolcott/sHORPY.COM

Primero que nada: esto no es una dieta. Menos: una desintoxicación. Dios sabe que ése no es nuestro papel y que no querríamos adoptarlo. Es, probablemente, algo parecido a una limpieza general –de adentro para afuera–. Es, definitivamente, un recetario. Es un conjunto de ideas para comer bonito durante catorce días, que ustedes pueden adoptar completo o en parte, de corrido o de forma intermitente.

Ya entraremos en detalles pero en líneas generales nos imaginamos esta limpieza más o menos así: No hay prohibiciones. No hay comidas “de dieta”, como jamones de pavo, edulcorantes artificiales, omelets de claras de huevo –aunque sí hay un plato con claras de huevo, pero es un merengue– o cosas por el estilo. Le bajamos al pan y a los lácteos. Le subimos a las plantas y al huevo –porque buebito es amor–, alimentos que de cualquier modo siempre tenemos en mente, como sin duda se habrán dado cuenta si han seguido las recetas que publicamos en HojaSanta. Hay mucho pescado, mucho pollo. Sólo un día hicimos carne de res, y la atascamos de yerbas. Hay un montón de tofu, que sorprendentemente sigue siendo tagueado como “sin sabor” en muchas conversaciones. (Una vez que hayan probado el sundubu jjigae de la cocina coreana van a querer comer tofu –‘dubu’ le dicen– mínimo una vez a la semana.) Como era de esperarse, hay días más indulgentes que otros. Hay cenas opíparas y cenas frugales, pero ninguna no está llena de sabor.

 

Cenas, comidas, desayunos, snacks

Ahora sí: detalles.

Pusimos el esfuerzo más grande de este plan en la hora de la cena porque éste es el alimento más importante del día: podemos dedicarle más tiempo a su preparación y sobre todo a su disfrute, podemos reunirnos con amigos más fácilmente y podemos utilizar las sobras para comer o desayunar el día siguiente. Como decíamos arriba, hay cenas más indulgentes que otras; algunas con postre hecho y derecho –como una pavlova de moras–, otras con una pequeña nota para el final –como una rebanada de sandía para la experiencia completa de restaurante coreano–, otras sin nada. Pero reciclen a placer postres de días anteriores. La primera noche, por ejemplo, proponemos unas naranjas sangrías marinadas en té y servidas con lascas de chocolate. Ese mismo postre puede ser repetido interminablemente. (¿Saben qué otro postre es buenísimo y reciclable por siempre jamás? Pedacitos de chocolate 70%. Así nomás, dispuestos en un plato pequeño.)

Lo cual nos lleva a la hora de la comida. No hay recetas para ella en este plan. Es, en nuestra experiencia, la hora más difícil de comer bonito. Hay poco tiempo, hay muchísima comida a nuestro alrededor, hay una como urgencia de comer fuera, a veces de pie. Nuestra propuesta –calcada de ‘The Food Lover’s Cleanse’ que publicó Bon Appétit durante algunos años y que ha servido de inspiración para nosotros en muchos otros sentidos es reutilizar la cena de la noche anterior, siempre acompañándola de una ensalada, tal vez una taza de caldo o un dashi bien sazonado, tal vez de una o dos tortillas pequeñas, tal vez de un tazoncito de arroz pedido al sushi de la esquina si es que no hicieron uno ustedes mismos o no hay microondas para calentarlo en la oficina. (¿Se han detenido a oler un tazón de arroz, así sin sazonar, puro olor a arroz? Seguro que sí. Es una de las cosas más bonitas que hay.)

Respecto de desayunos y snacks de media tarde: en este plan son intercambiables. Les proponemos desayunos bastante ligeros, a veces casi volátiles, pero complétenlos con frutas o hummus o un tabule en la oficina. Una de las “recetas” más encantadoras de esta limpieza es un platón de yerbas que encontramos en A Taste of Persia de Naomi Duguid: nada más que yerbas y texturas en un plato. Su sencillez es fascinante. Hagan uno así en la oficina para que sus coworkers se vuelvan locos de envidia. (“¿Qué comes eh?”, preguntarán fingiendo no querer arrancarles el plato del escritorio. “Naa. Un platito de yerbas que comía cuando vivía en Azerbaiyán. Equis, we… ¿Ya mandaste la presentación?” Y ustedes habrán triunfado sobre el mundo.) Ahora bien: ¿quieren un tlacoyo? Son uno de los desayunos más sabrosos que se nos pueden ocurrir, y siempre hay una señora que los vende cerca. Cómanse uno. Pídanlo de requesón y que venga copeteado de hartos nopales, cebolla y cilantro. (Como dijimos, le bajamos a los lácteos pero no los cortamos; hay yogurt y requesón en nuestro plan porque queremos sus beneficios.) O pidan una queca de quelites, como un saludo a la milpa. Eso es comer bonito en todos los sentidos.

 

Y beber

Hay gente que duerme mejor si no bebe café. No es mala idea bajarle un poco, al menos en el tiempo que decidan usar este plan. Procuren llevársela leve, sobre todo en la leche de vaca agregada y la azúcar agregada. La leche de soya tiene casi tan mala reputación como el tofu pero es bien rica. La de almendras tiene unas notas delicadas a nueces que la hacen muy especial, casi como un “plato” en sí misma. Beban té, montones de él. Háganse un par de litros de earl-gray con jugo y rodajas y ralladura de limón eureka –que es fragante y dulce– y déjenlo enfriarse rico. O hagan esta mezcla de especias persa, de la que les van a salir doce tazas. Esa agua caliente con limón y jengibre que recomiendan algunos es como un despertador impertinente y delicioso a las siete de la mañana. (De nuevo, el truco es el limón eureka y sus aceites.)

Oh. Alcohol. La recomendación es irse tranquilos, ya se imaginarán, pero sabemos que eso puede ser difícil para algunos. (*Cof cof.*) Hay buenos truquitos, como agregarle algunas gotas de bitters a un agua mineral con hielos y dos twists: uno de limón verde y uno de naranja –si tienen uno de toronja ya es casi un coctel– o pintar un agua mineral con un chorrito de vino rosado. O hagan esto: agarren un puñito de menta, la más fresca que puedan, algo de polvo de jengibre, una fruta que tengan a la mano (¿zarzamora?, venga) y macháquenlo todo en un vaso, hielos, un chorrito mini de vino blanco y rellenen con agua mineral. Al menos apaciguará la ansiedad.   

 

Suerte

En teoría, el plan empieza en sábado en la noche. Así hay oportunidad de planear, de hacerse a la idea, de darse una noche excesiva de viernes, de ir de compras en la mañana del sábado. También: las cenas de tacos (hay dos) caerán en martes, lo cual es parte de una bonita tradición.

Hagan lo que quieran, obvio. 😛 Tomen este plan, si así les suena bien, como una invitación a darle una pensada a nuestra forma de comer. No es mucho, pero es suficiente.

Una cosa más. Este plan es también una invitación a la lectura. Salvo unos pocos casos, tomamos las recetas de libros recientes que nos han gustado muchísimo. Cada receta trae un link al libro, claro. Los hemos recomendado, en su mayoría, en HojaSanta (aquí y aquí, por ejemplo). Búsquenlos, cómprenlos, bájenlos o róbenselos. Las bibliotecas son una defensa interminable contra todo.~